Aún en la enfermedad, existen esperanzas de vida

La gente se quedó perpleja y sorprendida, cuando la chica se derrumbó convulsionando. Los golpes eran inminentes. Los movimientos involuntarios de su cuerpo hacían que se lastimara en medio del pavimento. Los autos frenaron y la gente corrió a auxiliarla. Todos querían ayudar, pero solo los paramédicos por protocolo deben levantar al paciente. Así lo hicieron. Posteriormente, la llevaron al hospital. Después de varios minutos volvió a normalizarse. Abrió sus ojos. Se sintió desubicada. La rodeaban médicos y enfermeras. Cuando le sucedía esto perdía la noción del tiempo y del lugar.
Permítenos los nombres y teléfonos de tus familiares, ellos deben saber lo que te ha sucedido –Dijo una enfermera—No quiero que ellos sepan lo me que me está pasando, agregó la joven.
Es indispensable que ellos estén enterados de tu enfermedad. Los exámenes han determinado que padeces de epilepsia.
En ese momento ingresó el neurólogo junto a otros colegas.
En tono paternal le dijo: Tus padres deben conocer lo que te está sucediendo. No puedes excluirlos de la situación que estás viviendo.
¿Cómo es tu relación con ellos?—Preguntó el especialista-
Son comprensivos y muy cariñosos—contestó la joven.
Por esa misma razón debes contarles en respuesta a ese amor que ellos te dan. Hablaremos con ellos y les explicaremos como afrontar esta situación.
El médico, la joven y sus padres entraron al consultorio.
El especialista tomando en sus manos los exámenes, expresó.
La epilepsia es un trastorno provocado por el aumento de la actividad eléctrica de las neuronas en alguna zona del cerebro. Esta es la causa por la cual tú sufres de convulsiones. Afirmó el médico.
La manera más adecuada de controlar la enfermedad, además de los medicamentos que te he recetado, es una dieta rica en grasas y baja en hidratos de carbono y proteínas. Las verduras y las frutas serán trascendentales en tu alimentación.
¿La joven preguntó al médico---Es posible una operación?
En tu caso es lo más viable. Quitaremos una parte del tejido cerebral que está dañada y así los ataques no continuaran.
Los he citado precisamente para que nos autoricen practicar la cirugía—dijo el especialista—
La chica y sus padres se miraron y unánimemente aceptaron.
El médico dijo: En próximos días realizaremos la operación. ¡Tranquilos todo saldrá bien!
En la sala de espera estaban los padres, cuando salió el cirujano y con una sonrisa de satisfacción, dijo: Gracias a DIOS todo salió bien. No hubo dificultades. Su hija estará muy bien. 
Estrecharon las manos del cirujano, dándole las gracias por todo esfuerzo por la salud de su hija.