EL TAXISTA QUE VIVÍA CON MIEDO A LA VIDA

Se levantó de la cama, porque no soportaba mantenerse despierto a la madrugada. Sus pensamientos se convertían como una maraña.

 

Trataba de pensar en una sola cosa, pero de inmediato llegaban escenas pasadas y del presente que le atormentaban. Era como agujas que traspasaban su cerebro. Empezó a caminar por toda la casa para distraerse. Perder el sueño lo desesperaba, llevándolo como a una nebulosa mental. Siguió dando vueltas por la casa como si fuese un vigilante nocturno. Abrió la puerta de la habitación de la anciana madre.

Ella dormía plácidamente como un bebe. No era justo despertarla para que lo acompañara en su molesto insomnio.

 

El tráfico de la cuidad los sacaba de sus cabales. Conducir taxi en esta ciudad cada día será más difícil—Se repetía.

 

No podía controlar su mal carácter, ni con sus colegas taxistas, ni mucho menos con sus clientes. En la empresa ya le habían hecho varias advertencias sobre sus peleas verbales. Mejoraba su proceder o, definitivamente, se tenía que ir. No tolerarían discusiones con los usuarios. Está de por medio la imagen de la compañía----Le había dicho el gerente---.

 

Llegó a almorzar a la casa, no podía dejar sola a su mamá. Cuando sentía depresión ella lo consolaba. Sus palabras le ayudaban a superar las crisis que sufrían los últimos tiempos se había acrecentado. Pero allí estaba ella, como una amiga incondicional.

 

---Lo más adecuado, es que vayas a consultar a un profesional médico. No es normal tu estado de ánimo tan inestable. Una vez estás alegre y cuando de pronto caes en depresión---Sentencio su madre-

 

----Creo que es lo mejor, mamá, esta situación me está llevando a un colapso personal. —Dijo, llevándose las manos a la cara.

 

Frenó el taxi para obedecer la señal de pare del usuario. El hombre se subió al auto y con el acostumbrado saludo le pidió el favor que lo llevara al hospital.

 

¿Usted es médico? ---pregunto el conductor

 

--Sí, soy médico le contestó con una amable sonrisa—

 

---Doctor, perdóneme por abusar de su confianza, pero quisiera consultarle sobre un aspecto que me preocupa sobe mi salud. —

 

---Tranquilo, puedes preguntarme---Contestó el doctor.

 

El conductor mirándolo por el espejo retrovisor interno anunció: paso de momentos de alegría, luego paso rápidamente a escenas de tristeza y depresión; además, no puedo conciliar el sueño. Trato de controlar mi carácter, pero ha sido difícil. ---Comentó el taxista.

 

Te sugiero---Dijo el médico—que en tu EPS te hagan una evaluación médica, psicológica y siquiátrica. Los trastornos sicológicos pueden llevar a momentos de desesperación que pueden hacernos perder el control y hasta nuestra vida. No se pueden hacer diagnósticos sin que previamente se nos practiquen los exámenes. —Hoy afortunadamente, ---Continúo diciendo el doctor---Todos tenemos acceso a la salud.

 

Lo dejó a la entrada del hospital. El médico se despidió con esa sonrisa que daba tanta confianza, apretó la mano del conductor y le anunció: No se olvide que, en sus manos, está su salud, amigo.

 

Con el tratamiento se había sentido mejor. Descubrieron trastorno bipolar. Una enfermedad que tanto daño le había hecho. Pero los medicamentos y la terapia de diálogo lo restablecieron anímicamente. Regresó a la cancha de fútbol a compartir con sus viejos amigos del barrio. Cuando lo vieron con el uniforme, su camiseta, Pantaloneta y los guayos, sus amigos de tantas aventuras lo recibieron con aplausos.