LA SONRISA DE UN NIÑO PERMANECIÓ PARA TODA LA VIDA

Cuando el niño hablaba ocultaba sus dientes por temor a las burlas de sus compañeros de la escuela. Al mudarlos le habían salido torcidos. Cuando llegaba a casa, lo primero que hacía, era entrar a su habitación e ir directamente al espejo. Se disgustaba con la posición irregular de su dentadura. Veía como sus compañeros tenían dientes uniformes, mientras él se incomodaba y muchas veces se sentía disminuido.

 

Su madre, entró a la habitación y le dijo: Mañana iremos al ortodoncista, hijo.

 

Su rostro se iluminó cuando escuchó, para él, esas palabras mágicas. La madre también notó la alegría.

 

---Mañana te acompañaré para tu valoración, hijo—Sentenció la señora—

 

Con su rostro iluminado abrazó a mamá. Ella sintió el calor y la energía de su pequeño. ---Gracias, mamá,--Atinó a decir el niño.

 

El ortodontista tomó en sus manos las radiografías del pequeño. Bien jovencito puedo observar que este problema lo podemos corregir. Hay dientes que están apiñados y en posiciones anormales, pero como te digo, tu caso tiene solución. ---continuó el doctor---los dientes montados no permiten que se haga un cepillado correcto, ocasionando caries, tampoco permite que las mandíbulas alarguen. Este impase produce dolor de cabeza constantemente—Terminó diciendo el especialista. Comenzaremos con una limpieza total de tus dientes. Posteriormente te colocaremos bandas, alambres y brackets alrededor de tus dientes. No te preocupes, todo saldrá bien.

 

Poco a poco el tratamiento surtía efecto. El niño mejoraba su autoestima. Se le notaba cuando empezó a integrarse más con sus compañeros. Compartía los juegos en medio de las horas de descanso. Su vida, definitivamente, había cambiado. Con disciplina y rigurosidad asistía a los tratamientos de ortodoncia.

 

Entró a su habitación y se miró de nuevo al espejo y gritó de alegría.